Tomás Schinelli lleva el arte chubutense a la República Checa, donde esculpe a la par de creadores de Nueva Zelanda, Australia y Rumania. Es el autor del famoso dragón que escupe fuego en la plaza central y de los monumentos más icónicos de la provincia.
Tomás Schinelli, el reconocido artista y escultor metalúrgico de Trevelin, se encuentra en el viejo continente dejando la huella del arte patagónico en un prestigioso simposio internacional en la República Checa. El creador chubutense fue seleccionado para representar a la Argentina en un encuentro cultural de elite, donde comparte jornadas de producción y técnicas con destacados escultores de Nueva Zelanda, Australia y Rumania.
La convocatoria premia la trayectoria de un artista que ha logrado transformar el metal reciclado y la chatarra en verdaderos iconos de la identidad turística y cultural de la provincia del Chubut, llevando el nombre de la cordillera a lo más alto de la escena artística global.
El padre de las criaturas más fotografiadas del Chubut
Para los vecinos y los miles de turistas que visitan la región año tras año, el apellido Schinelli es sinónimo de asombro. Tomás es el cerebro y las manos detrás de algunas de las obras de arte público más emblemáticas de la Patagonia:
El Dragón de la Plaza Coronel Fontana: Su obra más famosa, instalada en el corazón de Trevelin, rinde homenaje a las leyendas de la cultura galesa y se ha convertido en un fenómeno turístico masivo gracias a su sistema que le permite escupir fuego real por la boca ante la mirada del público.
Arte en Viñas Nant y Fall: Sus imponentes creaciones también custodian los viñedos locales, fusionando el paisaje natural de la cordillera con la crudeza y elegancia del metal modelado.
Fauna provincial: Más allá de los límites de la cordillera, el escultor es el responsable de monumentales representaciones de ballenas y pingüinos que adornan diferentes puntos estratégicos de las rutas y costas de Chubut.
Embajador de la cultura patagónica
El simposio en la República Checa no solo es un espacio de intercambio técnico de alto nivel entre potencias de la escultura, sino también una vidriera para el estilo único que Schinelli perfeccionó en su taller de Trevelin: el modelado de piezas únicas a partir de materiales industriales recuperados.
La participación del escultor en este encuentro internacional consolida su estatus como un verdadero embajador cultural. Mientras sus dragones y gigantes de metal siguen custodiando los rincones más bellos de Chubut, Tomás Schinelli se codea con los mejores del mundo, demostrando que desde el interior del país se puede proyectar arte con sello universal.

