Los incendios forestales en el sur de Chile atraviesan uno de sus momentos más críticos. Según informó el Gobierno chileno, el avance del fuego ya provocó al menos 16 muertes y la evacuación de más de 50.000 personas, principalmente en las regiones de Ñuble y Biobío, ubicadas a unos 500 kilómetros al sur de Santiago.
En medio del verano austral, con altas temperaturas y fuertes vientos, los equipos de emergencia continúan trabajando contrarreloj para contener 14 focos activos. La magnitud del desastre llevó al presidente Gabriel Boric a anunciar su viaje a las zonas afectadas y a declarar el estado de desastre natural, una medida que habilita el uso de todos los recursos del Estado y permite que las Fuerzas Armadas asuman el control del territorio para reforzar la respuesta ante la emergencia.
El ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, confirmó el dramático saldo de víctimas fatales. “Además del fallecido del día de ayer, tenemos 15 fallecidos en lo que va del transcurso de esta mañana, específicamente en la región del Biobío”, indicó. Por su parte, el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, reconoció la gravedad de la situación y advirtió que el escenario es complejo, tanto por la intensidad de los incendios como por las condiciones climáticas previstas para las próximas horas.
Las imágenes difundidas por la televisión local muestran escenas de destrucción total, con llamas avanzando sobre zonas urbanas y vehículos completamente calcinados en las calles. El gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman, sostuvo que la situación actual supera en gravedad a la vivida tras el terremoto de 2010, y alertó que las altas temperaturas y el viento podrían intensificar aún más la propagación del fuego.

Tras una reunión del Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid) a nivel nacional, el ministro Elizalde fue contundente: la proyección meteorológica no es favorable y anticipa temperaturas extremas que dificultan el combate de los incendios forestales. En la misma línea, la directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), Alicia Cebrián, subrayó que el calor extremo representa un riesgo directo para la salud de la población y genera condiciones ideales para la expansión del fuego. Por ese motivo, pidió a la ciudadanía mantenerse informada y evitar desplazamientos hacia las zonas afectadas para no entorpecer el trabajo de los equipos de emergencia.
Hasta el momento se emitieron 87 mensajes del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), lo que derivó en la evacuación masiva de más de 50.000 personas. En paralelo, permanecen habilitados seis albergues en Ñuble, con más de 160 personas alojadas, y ocho en Biobío, donde ya se refugian más de 700 damnificados. Las autoridades no descartan que el número de afectados continúe en aumento, ya que el relevamiento total de daños solo puede realizarse cuando las condiciones permiten el ingreso seguro de los equipos de emergencia.
En este contexto, el Gobierno evalúa decretar un toque de queda, especialmente durante la noche, con el objetivo de limitar la circulación, prevenir nuevos focos de incendio y proteger la vida de la población. “Este estado de excepción permite restringir ciertos derechos y libertades, y se adoptarán todas las medidas necesarias para proteger a las personas”, enfatizó Elizalde.
La tragedia reaviva el recuerdo de los incendios forestales que han golpeado duramente al centro-sur de Chile en los últimos años. En febrero de 2024, siniestros simultáneos cerca de Viña del Mar dejaron 138 muertos, mientras que en la región de Valparaíso un incendio que duró cinco días causó 131 fallecidos, siendo considerada la peor tragedia del país desde el terremoto del 27 de febrero de 2010.

