En Esquel

A 50 años del golpe, la familia Amaturi sostiene la memoria en Esquel: “Mi vieja se fue pidiendo por verlos”

A medio siglo del Golpe de Estado en Argentina de 1976, la historia de Norberto Amaturi vuelve a resonar en Esquel de la mano de su familia, que mantiene viva la memoria y la búsqueda que aún no encuentra respuestas.

Fernando Amaturi, hermano de Norberto —desaparecido en Córdoba durante la última dictadura—, compartió un testimonio atravesado por el paso del tiempo, la ausencia y la necesidad de sostener el recuerdo. “Vamos a seguir esperando acá, no hay otra, que aparezcan los cuerpos, no míos sino de otros tantos”, expresó, sintetizando una lucha que continúa décadas después.

En sus palabras también aparece la figura de su madre, cuya espera quedó marcada para siempre: “Mi vieja se fue pidiendo por verlos y no pudo ser, así que quedó el legado acá y vamos a continuar”. Esa memoria familiar, según remarcó, se mantiene como una forma de reivindicar lo vivido por sus hermanos y de sostener una historia que no se cierra.

Días atrás, Fernando viajó a la provincia de Córdoba, donde recorrió espacios vinculados al paso de su hermano durante el cautiverio. Aunque no pudo ingresar al predio de La Perla por cuestiones de horario, sí visitó otro centro de detención. Allí, relató, pudo ver los subsuelos donde funcionaron salas de tortura, preservados como parte de los espacios de memoria. “Estuve ahí adentro donde picanearon en los subsuelos, lo dejaron tal cual”, contó. En ese recorrido también encontró la imagen de su hermano junto a la de otras víctimas.

Mientras la memoria se reconstruye a través de estos viajes y relatos, en la ciudad también se viven episodios que generan preocupación. La placa colocada en homenaje a Norberto Amaturi en Esquel fue vandalizada nuevamente. “La encontraron tirada y destrozada”, relató Fernando, quien además indicó que no hubo respuestas claras tras realizar la denuncia. Según explicó, las cámaras de seguridad no estaban en funcionamiento al momento del hecho.

Lejos de desalentar a la familia, la situación reforzó su decisión de continuar. La colocación de una nueva placa, a pocos metros del lugar original, se convirtió en un gesto concreto para sostener la memoria frente a los ataques.

“El vandalismo es por romper, romper… está muy enardecido todo”, reflexionó, describiendo un clima que, considera, atraviesa el presente. Sin embargo, su testimonio deja en claro que, pese a las dificultades, la memoria sigue activa.

Entre la búsqueda que no termina, el recuerdo de una madre que esperó hasta el final y los gestos cotidianos que mantienen viva la historia, la familia Amaturi reafirma una certeza que atraviesa generaciones: la memoria no se interrumpe.

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