Mientras muchos soplan velitas con familia y amigos, Agus eligió otro plan: ponerse el casco, agarrar las herramientas y salir a pelearle al fuego en Villa Lago Rivadavia. El sábado fue su cumpleaños, pero este año el festejo quedó en pausa porque la prioridad era otra: dar una mano donde más se necesita.
Después de una jornada larga y agotadora, sus compañeros de Bomberos Voluntarios de Trevelin no dejaron que la fecha pasara de largo. Aunque Agus intentó disimular y que nadie se diera cuenta, al final del día llegó el clásico “1, 2, 3…” y el feliz cumpleaños sonó fuerte, rodeado de camaradas de otros cuarteles, voluntarios anónimos, enfermeras y cocineras.
Hubo bizcochuelo, risas, una vela soplada a las apuradas y ese clima que solo se da entre quienes comparten el cansancio, el humo y la vocación.
Porque no importa dónde ni cómo: el feliz cumple se canta igual. Y más si es en medio de una lucha que vale la pena.
Fuente: Bomberos de Trevelin

