La fiscalía dio por cerrado el misterio tras el hallazgo de perfiles genéticos cruzados entre la víctima y un hombre que se suicidó. Sin embargo, la familia de la mujer asesinada en la costanera de Comodoro Rivadavia rompe el silencio con una acusación devastadora: «Ella no era frágil; una sola persona no pudo con ella».
Lo que para la justicia parece ser el «crimen perfecto» resuelto por la ciencia, para la familia de Valeria Schwab es apenas el comienzo de una lucha por la verdad. A casi un mes del brutal femicidio que conmocionó a la Patagonia, la confirmación de un ADN positivo ha encendido más dudas que certezas.
La «Verdad» de las uñas
En una conferencia de prensa que buscaba traer calma, la fiscal María Laura Blanco arrojó una bomba informativa: los restos biológicos hallados bajo las uñas y en la zona genital de Valeria (39) coinciden con el perfil genético de un hombre que se quitó la vida tres días después del asesinato.
El círculo parecía cerrarse perfectamente:
La prueba biológica: El sospechoso tenía, a su vez, ADN de Valeria bajo sus propias uñas, lo que confirmaría un forcejeo desesperado antes de que ella fuera arrojada al acantilado el pasado 13 de enero.
El desenlace: Con el presunto femicida muerto por mano propia, la causa se encamina hacia un archivo técnico.
«No la vamos a soltar»: El contraataque de la familia
Pero la narrativa oficial chocó de frente con la memoria de quienes conocieron a Valeria. A través de un desgarrador y firme mensaje en redes sociales, su hermana desafió la teoría del atacante solitario. Para los Schwab, la fuerza física y el carácter de Valeria hacen imposible que un solo hombre pudiera dominarla sin ayuda.
«Un ADN puede ser un dato, pero no es toda la verdad. Vos no eras alguien a quien una sola persona podía dominar sin resistencia», sentenció su hermana en un posteo que se volvió viral.
El mensaje es una declaración de guerra contra la resignación. La familia sostiene que la justicia está eligiendo «el camino fácil» al cerrar el expediente con un culpable que ya no puede hablar. Para ellos, hay piezas que faltan, sombras en la costanera que la ciencia aún no ha querido iluminar.
Un vacío en el acantilado
Mientras la justicia descansa en los tubos de ensayo, la herida en Comodoro Rivadavia sigue abierta. ¿Hubo cómplices? ¿Alguien vigiló mientras Valeria luchaba por su vida en la oscuridad del paseo costero?
La promesa de su hermana es clara: la investigación ciudadana apenas comienza. «La verdad no se apura y la justicia no debería conformarse con lo fácil». Por ahora, el caso Schwab deja de ser un expediente policial para convertirse en una bandera de lucha: la de una mujer que, según su sangre, peleó hasta el final, y una familia que no piensa dejar que su asesino se lleve los secretos a la tumba.

