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El panadero de la fe: Dejó todo en Buenos Aires y hoy camina Esquel con sus canastas para sostener a su esposa enferma

Víctor Hugo Escobar recorre los comercios locales vendiendo panificación y perfumería. Define a la ciudad como un «lugar bendito» y apela a la solidaridad de los vecinos para salir adelante.

Detrás de cada vendedor ambulante que recorre las calles de Esquel hay una historia de vida, pero la de Víctor Hugo Escobar cala hondo por su entrega, su resiliencia y su fe inquebrantable. Tras desempeñarse como panadero profesional en Buenos Aires durante más de ocho años, un duro golpe familiar lo obligó a recalcular su destino y mudarse a la cordillera, donde hoy pelea el día a día de manera independiente para costear el tratamiento de su compañera de vida.

La mudanza no fue planificada, sino una respuesta de amor ante la urgencia. Su esposa sufrió un derrame interno, una grave enfermedad que la dejó postrada en silla de ruedas y con un delicado cuadro de salud. Ante esta situación, Víctor tuvo que dejar su empleo formal en la capital y buscar un nuevo horizonte que le permitiera flexibilidad horaria para cuidarla y, al mismo tiempo, generar los ingresos necesarios para subsistir.

Trabajar para no depender de nadie

Actualmente, Víctor se ha convertido en un personaje reconocido en el sector comercial de la ciudad. Recorre los locales del centro por la mañana y por la tarde ofreciendo sus productos, en una combinación autogestionada que incluye artículos de perfumería y, fundamentalmente, sus valoradas piezas de panificación.

«Me dedico a vender así a la tarde, a veces en la mañana, y recorro los locales. Dependo todo de esto porque tengo que pagar el lugar donde vivimos y para comer; para vivir no dependo de nadie», relata Víctor con orgullo y dignidad. «Hice lo que pude durante estos meses. Al principio, mi esposa y yo cocinábamos acá, pero ahora ella está en silla de ruedas, está mal», se lamenta sobre el avance de la enfermedad.

Esquel, un refugio de tranquilidad

A pesar de la adversidad económica y el dolor familiar, el comerciante no guarda espacio para el resentimiento. Por el contrario, asegura haber encontrado en la comunidad cordillerana el combustible espiritual necesario para no bajar los brazos.

«Esquel para mí es un lugar bendito, no lo cambio por nada. Para mí es mi segundo hogar, por la tranquilidad. Acá siento a Dios, siento que Él siempre está con nosotros alentando a la gente a que siga adelante», confiesa emocionado.

Cómo colaborar con Víctor

Con el objetivo de ampliar sus ingresos y aprovechar sus más de ocho años de experiencia en el rubro, Víctor anunció que a partir de este lunes lanzará una producción especial de panadería y facturas, que incluirá prepizzas y pizzetas listas con queso para cocinar.

Para encargos, pedidos o colaboraciones, los vecinos pueden comunicarse directamente con él a su teléfono celular:

Una compra o un simple mensaje pueden hacer la diferencia para esta familia que eligió a Esquel como su refugio y pelea con el corazón en la mano para salir adelante.

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