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«Estamos peor que en la pandemia»: el drama de la demanda social en Barrio Matadero

La crisis socioeconómica continúa golpeando con fuerza en los sectores más vulnerables. En el Barrio Matadero, la sede vecinal se transformó en un termómetro de la necesidad cotidiana, donde el comedor comunitario debe multiplicar esfuerzos tres veces por semana para intentar dar respuesta a una demanda de alimento y asistencia que no deja de aumentar.

En diálogo sobre la compleja situación que atraviesan las familias de la zona, la presidenta del barrio, Gladys Hidalgo, expresó su profunda preocupación por el escenario actual: «La verdad que cada vez más gente, yo creo que estamos peor que la pandemia, me parece, ¿no? O yo solamente lo veo y lo siento así, pero sí, mucha cada vez más gente con el tema de las viandas».

Además de los platos de comida, las bajas temperaturas agudizan las carencias del sector, volcando a los vecinos a solicitar elementos básicos para sobrellevar el invierno. «Siempre te están pidiendo ropa de abrigo, por ejemplo, ahora que viene el frío, frazadas, colchones, calzados, camperas», detalló Hidalgo sobre la diversidad de asistencia que intentan canalizar desde la institución.

En la actualidad, la sede cocina los días lunes, miércoles y viernes, alcanzando una cifra alarmante. «Estamos llegando a las 125 viandas», afirmó la referente barrial, graficando el límite al que operan de manera constante: «Está llegando la olla pelada, no estamos llegando a darle la vianda».

Frente a la posibilidad de dejar a una familia sin respuesta cuando el alimento preparado se agota, el equipo de la vecinal recurre a la solidaridad directa con los insumos disponibles. «¿Qué es lo que hacemos nosotros dentro de todo? Gracias a Dios cuando podemos lo hacemos. Cuando no nos queda más comida en la olla, le preparamos un poquitito de algo seco: cebolla, si tenemos papa, salsa y un poquito de cada cosa, y le damos a la familia para que no se vaya con las manos vacías», relató.

Respecto al sostenimiento de esta labor, Hidalgo valoró el apoyo que reciben de la comunidad, aunque reconoció el impacto de la pérdida del poder adquisitivo generalizado. «Yo doy gracias a Dios siempre que en este lugar tenemos muchísimas donaciones. A veces nos pueden acercar y a veces no, porque yo creo que todos estamos en esta situación, ¿no? Nadie llega a fin de mes y todo el mundo te lo cuenta», reflexionó.

Desde la conducción vecinal recordaron que las donaciones de alimentos no perecederos, ropa de abrigo, calzado y mantas se reciben de manera exclusiva y presencial en la sede del Barrio Matadero.

 

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