En un contexto de creciente preocupación por la seguridad en las aulas, la Fiscalía de Esquel encabezó un encuentro estratégico con directivos y supervisores escolares para unificar criterios de respuesta ante situaciones de violencia y amenazas. El objetivo es claro: transformar la reacción judicial en una red de prevención sólida que proteja tanto a alumnos como a docentes.
La reunión estuvo liderada por la fiscal jefa María Bottini, junto a los fiscales Rafaella Riccono y Martin Robertson, quienes explicaron técnicamente cómo deben tramitarse estos episodios desde el ámbito penal. Lejos de ser una charla teórica, el encuentro buscó bajar a territorio los protocolos de actuación, permitiendo que las escuelas sepan exactamente qué hacer —y qué esperar de la Justicia— cuando la convivencia se rompe por una amenaza.
Educación y Ley Penal Juvenil: El foco en la responsabilidad
Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue el compromiso de avanzar en capacitaciones sobre la Ley Penal Juvenil. Entender la responsabilidad penal adolescente es clave para que las autoridades educativas puedan abordar los conflictos con una mirada integral que no ignore las consecuencias legales de ciertos actos.
Asimismo, se ratificó la continuidad de talleres preventivos sobre temáticas que hoy dominan la agenda juvenil y representan riesgos constantes:
Ciberdelito: El acoso y las estafas en entornos digitales.
Noviazgos violentos: La identificación temprana de conductas tóxicas.
Violencia escolar: El abordaje de los conflictos internos antes de que escalen a la justicia.
Un puente directo entre la escuela y el Ministerio Público
Desde la Fiscalía, representados también por el Servicio de Asistencia a la Víctima del Delito (SAVD) a través de Romina Percivale, se subrayó que la articulación no puede ser aislada. Se busca establecer canales de comunicación permanentes que permitan actuar de manera rápida y efectiva.
La meta final de esta coordinación entre el Ministerio Público Fiscal de Chubut y las escuelas de Esquel es ambiciosa pero necesaria: garantizar que el derecho a la educación se ejerza en un entorno seguro, donde la respuesta institucional sea siempre más rápida que la violencia.

