A sus 26 años, Geraldine Roberts atraviesa una compleja situación de salud marcada por las secuelas del síndrome de Steven Johnson, una enfermedad autoinmune que padeció a los 3 años y que dejó consecuencias severas en su organismo, especialmente en su visión.
Según relató, esta patología afectó las glándulas mucosas de su cuerpo y derivó en una pérdida progresiva de la visión, además de anacusia en el oído derecho e intolerancia a la exposición prolongada al sol. En la actualidad, su capacidad visual es limitada: apenas conserva un 5% en el ojo derecho y un 15% en el izquierdo, con complicaciones adicionales como intolerancia lumínica y deterioro ocular avanzado.
Durante años, Geraldine buscó alternativas médicas en Argentina para frenar el avance de su condición. Incluso se evaluó la posibilidad de un trasplante de córnea, pero la hipervascularización —un exceso de vasos sanguíneos en los ojos— impidió que esa opción fuera viable, ya que comprometería el éxito de la intervención.
Ante este panorama, decidió continuar su tratamiento en Santiago de Chile, donde accedió a nuevas alternativas médicas y avances tecnológicos a través de la Fundación Cornia. Allí conoció a un especialista que trabaja con técnicas innovadoras, como el uso de tejido de placenta y líquido amniótico para la regeneración ocular, un procedimiento que ha ganado relevancia en los últimos años dentro de la medicina regenerativa.
El plan de tratamiento contempla una serie de cirugías. En una primera etapa, se realizará la reconstrucción de los párpados, afectados por atrofia muscular que impide una apertura normal de los ojos. También se trabajará en la reconstrucción de los lagrimales, actualmente obstruidos o sin funcionalidad, utilizando mucosa extraída de la cavidad bucal para rearmar la estructura ocular externa.
Posteriormente, se intervendrá el ojo derecho para eliminar la queratinización provocada por el roce constante de las pestañas y retirar una membrana que, si bien protege, limita la visión. En el ojo izquierdo, en tanto, se buscará reducir la hipervascularización y limpiar las cicatrices en la córnea.
Una vez completadas estas etapas, se aplicará una membrana regenerativa que recubrirá el ojo como protección, y se incorporará el uso de lentes esclerales, dispositivos especiales similares a lentes de contacto que contienen solución fisiológica y ayudan a mejorar la visión, proteger la superficie ocular y favorecer la recuperación funcional.
Los resultados esperados son alentadores: se estima que la visión del ojo derecho podría mejorar hasta un 30%, mientras que el izquierdo podría superar el 40%. Si bien no se trata de una recuperación total, estos avances significarían un cambio sustancial en la calidad de vida de la joven.
En paralelo, Geraldine ya inició un tratamiento con suero autólogo, una terapia que utiliza su propia sangre para generar gotas oftálmicas que actúan como lágrimas artificiales. Este procedimiento favorece la cicatrización, mejora la lubricación ocular y ha demostrado beneficios en la tolerancia a la luz y la reducción de la visión borrosa, una alternativa cada vez más utilizada en patologías oculares complejas.
Sin embargo, el acceso a estos tratamientos implica altos costos, ya que debe afrontar gastos médicos, cirugías, traslados y estadía en Chile. Por este motivo, Geraldine impulsa una campaña solidaria para visibilizar su caso y solicitar la colaboración de la comunidad.
Su historia no solo refleja una lucha personal, sino también pone en foco la importancia del acceso a tratamientos innovadores y el avance de la medicina regenerativa en enfermedades poco frecuentes, un campo que continúa desarrollándose y ofreciendo nuevas esperanzas a pacientes con diagnósticos complejos.

