Una noticia largamente esperada llegó este viernes por la tarde a la zona del desastre ambiental en El Turbio: comenzó a llover abundantemente sobre el área devastada por el incendio forestal que se desató hace días. Este giro meteorológico, que se espera se mantenga durante el fin de semana, ha sido recibido como un «alivio importante» por las autoridades provinciales.
Rubén Jaramillo, responsable del área de Incendios de la Secretaría de Bosques de Chubut, confirmó a Jornada Radio el inicio de la precipitación. Este cambio obligó a tomar precauciones operativas:
«Unos 30 brigadistas se replegaron para que la lluvia no los sorprenda en una geografía compleja y peligrosa», explicó Jaramillo.
El viento había sido el enemigo principal de los combatientes en los días previos, dificultando las tareas y propagando las llamas. Jaramillo estima que el fuego ya consumió unas 3.000 hectáreas de vegetación nativa en la región.
Alerta bajo tierra: la trampa del fuego subterráneo
A pesar de la alegría por la llegada del agua, Jaramillo fue cauto. Si bien la lluvia ayudará a circunscribir y apaciguar las llamas en superficie, advirtió sobre el comportamiento particular de este tipo de incendios, especialmente aquellos iniciados por rayos.
El experto explicó que el agua superficial no apaga el fuego que sigue ardiendo debajo de la tierra caliente, afectando raíces y material orgánico subterráneo. «El impacto de un rayo atraviesa la corteza terrestre», graficó, ilustrando la profundidad que alcanza el calor.
Esta complejidad significa que, aun con la precipitación continua, el trabajo de los brigadistas no ha terminado. «En sectores puntuales habrá que meter gente para remoción del material encendido«, señaló, estimando que se necesitará al menos una semana entera para que todo el terreno se enfríe completamente.
La lluvia da una tregua invaluable, pero la etapa de «guardia de ceniza» y extinción total será larga y exigirá el máximo de esfuerzo del equipo de combatientes.

