El viernes a la mañana, Jéssica Juárez llegó al jardín donde asiste su hija y se encontró con algo que le heló la sangre: una corona fúnebre blanca, con su nombre y las letras “Q.E.P.D.”, colgada en el alambrado.
“Tengo miedo por mis hijos, no quiero que me pase nada”, escribió en redes, junto a la foto del macabro mensaje. La publicación se volvió viral en Cerrillos, una localidad salteña que no sale del asombro.
Jéssica ya había denunciado violencia y amenazas por parte de su expareja, a quien apunta como el principal sospechoso. La Fiscalía de Cerrillos investiga de oficio, ordenó custodia policial permanente y pericias sobre la corona.
Para los colectivos de mujeres locales, no se trata solo de una amenaza: es una forma de amedrentamiento directo, que busca instalar el terror.
Mientras la justicia avanza con el caso y se activa el Protocolo de Alto Riesgo, el barrio Los Pinares sigue conmocionado. “Todos conocemos a Jéssica y sabemos por lo que viene pasando. Ver eso ahí fue como una advertencia para todos”, dijo una vecina.
Fuente: El Tribuno

