Lo que empezó como un proyecto de película terminó en un culebrón judicial digno de maratón. En la Comarca Andina, una pareja estadounidense que llegó a El Bolsón en los 90 construyó un verdadero paraíso: 260 hectáreas en Mallín Ahogado llenas de cabañas, invernaderos, un spa, una casa principal y hasta una biblioteca de 4.000 libros. Todo vinculado a una fundación creada por ellos mismos en California: la Land Ethic Action Foundation.
Pero llegó el divorcio… y con él, el reclamo.
La mujer pidió que ese proyecto monumental se considerara parte de la sociedad conyugal. Ahí arrancó el embrollo legal: tierras fiscales, una fundación extranjera y un patrimonio difícil de encajar en las categorías clásicas del Código Civil.
La jueza, después de revisar papeles, informes y pericias, fue clarísima: todo lo construido dentro de las tierras fiscales no entra en la división de bienes. ¿Por qué? Tres razones centrales:
Las mejoras pertenecen formalmente a la fundación, no al matrimonio.
Están levantadas sobre tierras fiscales, con reglas propias.
Nada está inscripto a nombre de la pareja.
Eso sí: dejó abierta la puerta para que la mujer use otros caminos legales si quiere discutir su rol en la administración o el control de esa enorme estructura.
La Dirección de Tierras respaldó la decisión: las hectáreas siguen siendo del Estado provincial, y por normativa, ninguna construcción dentro de ese territorio puede considerarse ganancial. La municipalidad también aportó lo suyo: el complejo turístico está registrado a nombre de la fundación. Y una pericia contable remató el asunto: no hay forma de separar qué mejoras se hicieron con plata del matrimonio y cuáles son producto de las actividades de la fundación.
¿Entonces qué quedó en la división de bienes?
Apenas dos ítems, pero bien concretos y comprobables:
Un inmueble céntrico en El Bolsón con dos locales comerciales.
Una camioneta Toyota Hilux comprada durante el matrimonio.
Esos sí cumplen todos los requisitos legales para integrar la comunidad conyugal y serán repartidos en la etapa de ejecución.
El fallo es de primera instancia y, por supuesto, todavía puede ser apelado. Pero en lo inmediato deja una conclusión tajante: en la Comarca también hay divorcios dignos de un manual de derecho, una novela y un documental turístico, todo al mismo tiempo.

